sábado, 9 de mayo de 2015

AVENGERS: LA ERA DE ULTRÓN




Ficha: Título original: Avengers: Age of Ultron. Dirección: Joss Whedon. País: USA. Año: 2015. Duración: 141 min. Género: Acción, ciencia-ficción, fantástico. Reparto: Robert Downey Jr. (Tony Stark / Iron Man), Chris Hemsworth (Thor), Mark Ruffalo (Bruce Banner / Hulk), Chris Evans (Steve Rogers / Capitán América), Scarlett Johansson (Natasha Romanoff / Viuda Negra), Jeremy Renner (Clint Barton / Ojo de Halcón), James Spader (voz de Ultrón), Samuel L. Jackson (Nick Furia).

Sinopsis: Cuando Tony Stark intenta reactivar un programa durmiente de mantenimiento de la paz, las cosas se ponen feas y los superhéroes más poderosos de la Tierra, que incluyen a Iron Man, Capitán América, Thor, Hulk, la Viuda Negra y Ojo de Halcón, deberán ponerse a prueba ya que está en juego el destino del planeta. Con la aparición de Ultrón, corresponderá a Los Vengadores la tarea de impedir sus terroríficos planes, pues este supervillano tecnológico aspira a exterminar a la raza humana. Mientras tanto, deberán enfrentarse también a dos misteriosos y poderosos recién llegados, Quicksilver y Bruja Escarlata, y encontrar a un viejo amigo que adopta una nueva forma, Visión. (fuente de sinopsis: labutaca.net).

Comentario: La verdad es que esta película está basada al 100% en efectos especiales, y nada más. La historia es muy pobre, y el villano de turno, es una payasada. No hay un tono serio que provoque una tensión, o una mínima inquietud como para sostener la trama. Es un gran error subestimar las historias originadas en cómics, desarrollándolas en forma floja, subestimándolas solo para ganar plata… Christopher Nolan hizo un muy buen trabajo con Batman, tomando la historia en serio y realizó tres muy buenas películas. Por el contrario, el imbécil de Joel Schumacher hizo dos desastres con el mismo personaje. Lo mismo hicieron con Linterna Verde y con la última de Spiderman. Lo que podrían ser buenos films, se arruinan por tomar a los personajes en forma ridícula. En este caso, Ultrón es un villano que no causa miedo a nadie, y muy poco interesante. Ya desde ahí, todo es medio en picada, y son dos horas de repetir más o menos los mismos elementos de la primera, pero ahora ya sin el factor de la novedad. Y encima, por la mitad del film hay un bajón tal en el ritmo, que uno puede llegar a dormirse del aburrimiento. Suena todo, la verdad, a una estafa a los fans de los cómics, porque está bien armado el negocio para que siempre sea un éxito en la taquilla, aunque la película sea mala: sacan montones de teasers trailers, ponen de a poco en la red fotitos de un metro del decorado, rumores y rumores… y después llega la realidad. Todo eso del plan de Marvel de “fase 1”, “fase 2” y no sé que más, se va todo al cuerno si las películas son basura. O sea, del film se rescata todo lo que es efectos especiales (excelentes), y solo eso; historia, ritmo, actuaciones, todo lo demás es un desastre. Encima, hay actores secundarios como Don Cheadle que uno no sabe qué cuernos pasó con ese personaje (el peor casting posible para James Rhodes / War Machine), y Scarlett Johansson está como perdida sin saber como interpretar a su personaje. En definitiva, no aparece acá directamente descripta como “mala”, porque siempre uno puede estar en un estado en que solo quiera ver efectos especiales en un film; y hay gente que solo busca eso… Si los productores siguen por este camino, el público que vaya a ver estos films se irá reduciendo, limitándose a los fanáticos de cómics o a los que caigan en la trampa publicitaria. Esta fue una oportunidad desaprovechada, y veremos qué pasa con las dos que siguen.


Opinión: REGULAR






viernes, 3 de abril de 2015

FORCE MAJEURE



Ficha: Fuerza mayor. Título original: Turist. Dirección y guion: Ruben Östlund. Países: Suecia, Francia y Noruega. Año: 2014. Duración: 120 min. Género: Drama. Interpretación: Johannes Kuhnke (Tomas), Lisa Loven Kongsli (Ebba), Vincent Wettergren (Harry), Clara Wettergren (Vera), Kristofer Hivju (Mats), Brady Corbet (Brady). Producción: Philippe Bober, Erik Hemmendorff y Marie Kjellson. Música: Ola Flottum. Fotografía: Fredrik Wenzel. Distribuidora: Golem.

Comentario: Este film quedó muy injustamente fuera de las nominaciones a mejor película extranjera en la última entrega de los Oscars. Y digo injustamente porque hay muchas razones para verla: sus actuaciones son excelentes y su calidad técnica general es increíble. Pero lo más destacado es el tema que toca, que no es uno común ni ordinario. Quizás por eso, por tocar una temática increíblemente íntima y desarrollar su exposición de una manera fina, muy cuidada, quedó excluida de una premiación que festeja trabajos de lecturas más obvias. Igualmente, La película fue seleccionada para competir en la sección Un Certain Regard en el Festival de Cannes de 2014, donde ganó el Premio del Jurado.



Un matrimonio joven con sus dos hijos pequeños llega a un resort turístico en plenos Alpes franceses con la idea de disfrutar de una semana de esquí. El lugar es increíble, y todo el mundo la está pasando maravillosamente bien. Pero cuando están comiendo en la terraza, con un hermoso paisaje de fondo, sucede una avalancha. Cuando llega la aterradora nube blanca y envuelve todo el lugar, Ebba, la madre, abraza a los dos hijos; mientras que Tomas, el padre, agarra su iPhone y sale corriendo junto con el resto de los que estaban en el lugar. Poco tiempo después, todos verán que el alud se detuvo unos metros antes del resort, y que solo llegó algo de nieve a la terraza. Todos vuelven al lugar, ya aliviados. Pero algo se quebró y deja secuelas de todo tipo.

El film del sueco Ruben Östlund nos lleva a un recorrido por lo más profundo del ser de las personas y cómo el instinto puede mostrar cosas que no esperábamos de nosotros (¿o acaso sí?) en situaciones límites. ¿Cómo reaccionaría uno ante algo así? ¿Por qué? Tomas al principio negará lo sucedido, se mostrará machista y querrá olvidar todo, pero Ebba no puede dejar de pensar en eso y llegarán a la crisis y angustia más profunda. Ahora bien, el director es muy hábil, y hace que este recorrido interior sea muy llevadero, gracias a un ritmo muy cuidado, unas imágenes increíbles y una música perfecta. Se trata de un film inteligente, original, que lo mantiene a uno intrigado hasta el final en este viaje por lo más profundo de un lugar que todos podemos recorrer.

Opinión: Muy buena


sábado, 28 de febrero de 2015

La nueva autoridad




Lejos de las costosas y atrapantes marquesinas del teatro comercial que puebla la veraniega Avenida Corrientes, el teatro municipal San Martín nos ofrece una alternativa interesante, una propuesta de dramaturgia que mediante una fusión de grotesco y absurdo refleja, queriendo o no, los tiempos en que estamos viviendo en nuestro querido país. Y esto, porque la obra “La Nueva Autoridad” habla sobre el poder, su concepto, su engaño, sobre la desesperación por conservarlo, por retenerlo a toda costa.
El poder es una ilusión, un reflejo de lo que somos mediante los ojos de otros, definiéndonos y condicionándonos como personas. Es finito, ni bien se percibe tiene fecha de vencimiento, y cada acto, cada palabra e idea lo modifican, porque depende de la percepción del otro, de un interlocutor que no se ve realmente. Cubre deficiencias personales, llena espacios en vidas vacías, da color a los grises que todos tenemos pero, finito, voluble e incierto, genera al mismo tiempo inseguridad, y acrecienta lo bueno y malo que tenemos a niveles impensados.
Mario Segade, autor de series televisivas como Verdad/Consecuencia, Vulnerables, Farsantes, Resistiré y El Puntero (laureado con numerosos premios nacionales e internacionales por su labor), y dramaturgo consagrado mediante obras como Fulano de tal, soy yo, El no tiene la culpa y Un poco muerto, aborda el tema en cuestión mediante una gran ironía: desmorona todo grandilocuente concepto que se pueda tener sobre el poder ambientando la trama en un Consorcio de Propietarios en decadencia, en un momento de cambio de autoridades debido al deceso (cuya causa es controvertida y genera sospechas) del antiguo Presidente del Consejo de Administración.





Cualquiera que viva o alguna vez haya vivido bajo un consorcio de propietarios bien pudo presenciar el colmo del ridículo que implica la lucha de poder que se da entre los habitantes del edificio en el que habitan. Muchas veces los “cargos” que se crean y otorgan generan en personas una sensación de poder y control llamativa, y mientras más problemas se encuentren en la epopeya encomendada más oportunidades se generan para demostrar que se tiene “el toro por las astas”.
La puesta elegida por Segade, director también de la pieza, es intima, aprovecha cada centímetro del reducido espacio de la Sala Cunill Cabanellas, y deja inmerso al espectador en una sensación de decadencia, precariedad. El marco de la escena es el patio del edificio, prácticamente desolado y lleno de grietas, donde viven las dos propietarias que luchan por el poder: por un lado, la viuda del anterior Presidente del Consejo (Vivian El Jaber) quien, hacha en mano literalmente y enfundada en un uniforme militar, hará todo por conservar su cargo de CO administradora. Por el otro, la inestable vecina del 4to “B” (Celina Font) que está convencida que le corresponde ser “la nueva autoridad” por haber vivido en el lugar desde los 5 años de edad y haber presenciado allí la muerte de todos sus seres queridos. En el medio del enfrentamiento, un inescrupuloso encargado (pide desesperadamente no ser llamado “portero”) que como saltimbanqui del poder “lleva y trae” entre las dos candidatas al preciado cargo para congraciarse, pero que en realidad busca obtener para él ese preciado tesoro, símbolo de reivindicación social de clase, ostentando como base de fuerza “tener” al resto de los propietarios “con el” (Marcos Montes).





Entre grietas, paredes al borde del derrumbe, una casilla de ladrillos, cables pelados bajo el agua de lo que en sueños se busca convertir en una piscina de natación, se da una lucha sin cuartel donde la soberbia es fortaleza, donde de la violencia verbal se pasa a la física sin solución de continuidad.
En una de las paredes, un alambrado detiene la inminente invasión de seres hambrientos, como animales, que acechan y esperan invadir el terreno del edificio, a los que los personajes denominan “los fieras”. El encargado les tira unos huesos con carne para mantenerlos mansos.
La amalgama de géneros por la que opta el autor es más que adecuada, pero requiere ineludiblemente actores con oficio y solidez sin pruritos a la hora de cargar sobre sus hombros situaciones absurdas y extremas. En la presente puesta, El Jaber, Font, y Montes caminan con comodidad sobre la delgada línea, muestra de talento y profesionalidad. Cada texto, gesto y movimiento es preciso, significativo, coherente con el personaje que les toca encarnar.
Esto demuestra también un comprometido trabajo del director, quien pareciera haber realizado un trabajo con los actores a la hora de darle un sentido a cada texto y en lo que hace al lenguaje corporal propuesto.
La estética de la puesta y el registro actoral elegidos toma un tiempo de procesar. Por ello, el espectador es cuidadoso al principio de animarse a reír. Poco a poco, la defensa baja y se empiezan a escuchar unas tímidas sonrisas. Muchas veces los mensajes más profundos y fuertes se transmiten mejor mediante alguna risa nerviosa.
Una opción en la cartelera porteña que invita a pensar, una incómoda diversión.







sábado, 31 de enero de 2015

Otro estilo de vida. Una obra que promete, pero no pasa de ahí.




La marquesina del teatro Tabaris vende. Un trío protagónico (nunca mejor utilizada la frase de acuerdo a la temática de la obra) interesante. La cabeza femenina del elenco, una actriz que en su momento era considerada la mejor de su generación, que “dio cátedra” en cine y en televisión, que se retiro de la actuación por ocho años y que repentinamente volvió a estar bajo las luces con productos casi olvidables. Sus partenaires, un sólido actor y autor formado en teatro que acaba de obtener la fama que da el “prime time Suar” de la televisión y un galán de esa misma pantalla chica que ha demostrado sus condiciones histriónicas en las tablas en varias puestas recientes.
Vendida como una “comedia cargada de erotismo”, y con un titulo como “otro estilo de vida” (una amplia traducción de “Design of living”), nos encontramos con una obra que pareciera intentar captar un público veraniego que busca distenderse más que entrar en las discusiones y controversias morales que tuvo en mente Noel Coward cuando la escribió a principios de la década del 30.
Situada en París, en Londres y en New York, esta historia narrada en tres actos trata sobre la vida de dos artistas (un escritor y un pintor) y una suerte de musa inspiradora, quien dentro del mundo bohemio parece buscar disfrutar en todo momento de los placeres que brinda la “alta sociedad”. Los tres viven un apasionado amor desprejuiciado, hedonista, aunque a veces un tanto confuso, lo que los lleva a entrar en idas y vueltas, rupturas y reencuentros circulares.
Escrita en 1932 para ser protagonizada por Lynn Fontanne, Alfred Lunt y el propio Coward, fue estrenada en Broadway originalmente debido a que lo controvertido del tema vedaba su estreno en la Londres Victoriana. Inclusive fue adaptada (muy) y llevada al cine, en una pelicula de 1933 protagonizada por Gary Cooper, Fredric March y Miriam Hopkins.
La temática central de la obra radica en un amor diferente para la época, en la libertad de diseñar un propio “estilo de vida”, y en los miedos que indudablemente ello trae aparejado. Claro que en la década del 30 otro era el mundo, otro el público, otro el tiempo. Una obra como esta podía durar más de dos horas (con intervalo, algo que genera cierta aprensión en la audiencia local) para que los actores y el director pudieran trabajar los textos con la cadencia y los silencios que estos necesitan, con el tiempo que la construcción de un personaje y el sentido y mensaje de la obra requieren. Hoy, en la era del vértigo y la rapidez, lamentablemente se requiere ritmo y estimulo constante aunque la obra, su temática y espíritu, indiquen otro camino.
Quien primero entra en escena es Inés Estévez, iniciando una interpretación quizá demasiado enérgica, que se destaca por el pronunciamiento de los textos con una llamativa rapidez. De entrada en su cuerpo se percibe una electricidad no propia de esa mujer que conquista a exponentes artísticos de la bohemia europea. Tan rápido dice los textos que en la función que presenciara quien escribe equivoca tres veces la letra, lo que la lleva una vez a decir “perdón” a uno de sus coprotagonistas, aunque pareciera que ese pedido de disculpas se dirigía al público.
Esta agilidad que se busca en los textos es acompañada por un acento porteño propio de quien habita alguno de nuestros cien barrios. Quizá aun prendada del personaje que le tocara en la teleserie Guapas, uno ve en su Gilda a una joven de Barracas o Pompeya con un elegante vestuario de la década del 30 (por cierto, la producción debería invertir unos pesos más en la peluca de la actriz principal). Si ya de por si el famoso “physic du rol” tampoco la ayuda a la hora de encarnar el personaje protagónico de esta obra, la notable falta de trabajo en la composición del personaje no colabora.
Marco Antonio Caponi (quien más fresco y desenvuelto se muestra en el primer acto) y Alberto Ajaka (como siempre en cada uno de sus trabajos teatrales, atento a cada detalle e inmerso en su personaje) quitan un poco de peso de las espaldas de Estévez interpretando a Claude y Leo, quienes desean y aman a Gilda, y quienes se aman y desean entre sí.
El tema de la homosexualidad tampoco está correctamente resuelto, ¿quizá deliberadamente?. Llama la atención que dos sólidos y experimentados actores muestren pudor a la hora de tocar a una persona del mismo sexo. Una de las escenas muestra la incomodidad claramente: Claude y Leo, solos tras una nueva huida de Gilda, y tras muchos tragos, juegan de manos hasta llegar a una sensual posición sobre un sofá. Ajaka intenta poner su mano por debajo de la camiseta de Caponi, y el instinto del actor (no del personaje) es quitarla. Es una fracción de segundo, pero basta para detectar una incomodidad que no se condice con la historia de los personajes, quienes llevaban una relación intima quizá hasta antes de conocer a la sensual Gilda.
Dan Breitman (otro de los actores de “Guapas”) tiene a su cargo el rol de un ama de llaves (una suerte de mezcla de la "Violencia Rivas" de Capusotto y la empleada publica de Gasalla) y de una señora de “alta sociedad” a quien Gilda busca vender obras de arte en el tercer acto. El trabajo del histriónico Breitman busca captar carcajadas en la audiencia, lo que el texto por sí solo no permite ni intenta. Se acude a un stand up entre acto y acto, en primer lugar, a cargo del ama de llaves, quien censura el comportamiento liberal de los dueños de casa, y luego de la señora aristocrática (llamada “Sra. Abercrombie”), quien se esmera en expresar su amor por un su estilo de vida de lujos en New York.
Fabián Arenillas, Paola Lusardi y Demian Salomon completan un elenco sobrio en el que ninguno logra lucirse demasiado.
Lo que más llama la atención es el trabajo de dirección, a cargo de la más que consagrada Lía Jelin. Innumerables obras en distintos circuitos la hicieron merecedora de los premios “Trinidad Guevara”, “Florencio Sánchez”, “Fondo Nacional de las Artes”, y varios “ACE”. En el presente caso, esta prestigiosa directora pareciera haberse limitado a marcar los movimientos de los actores en el escenario y a crear la puesta en escena. No se vislumbra un trabajo de creación, de composición, con cada actor.
Pareciera, en definitiva, que falto tiempo de trabajo. Tiempo de composición y, en algunos casos, hasta de ensayo. La función que presenciara quien escribe sufrió varios accidentes, confusión de letra, baches, hasta un sillón que se rompió al sentarse Caponi en el en el tercer acto. Los accidentes siempre pueden producirse en cualquier obra, en el lugar que sea, pero en el caso no hicieron más que poner mayor foco sobre falencias de fondo que están, que percibe el publico y hasta los propios actores. En una puesta menos ambiciosa, o en el comúnmente llamado “teatro de barrio”, estas falencias que se apuntan en este comentario serian pasadas por alto. Pero no en una producción de calle Corrientes con un elenco y dirección profesional y un costo de entrada acorde.

Muchas veces las marquesinas prometen, pero las promesas deben ser cumplidas.



jueves, 1 de enero de 2015

NIGHTCRAWLER



 Ficha: Película: Nightcrawler. Dirección y guion: Dan Gilroy. País: USA. Año: 2014. Duración: 117 min. Género: Thriller. Interpretación: Jake Gyllenhaal (Louis Bloom), Rene Russo, Bill Paxton, Riz Ahmed (Rick). Producción: Jennifer Fox, Tony Gilroy, Jake Gyllenhaal, David Lancaster y Michel Litvak. Música: James Newton Howard. Fotografía: Robert Elswit.




Comentario: Jake Gyllenhaal interpreta a Louis Bloom, un ladrón de poca monta y menos escrúpulos de Los Ángeles, que conoce por casualidad el mundo de los “nightcrawlers”. Se trata de freelancers nocturnos que, cámara en mano y utilizando la frecuencia radial de la policía, se presentan antes que nadie en las escenas de crímenes violentos, choques de tránsito, etc., para vender el material a los noticieros locales. Bloom se adentra a fondo en este mundo, donde alguien como él sólo distingue – y le interesa -el límite entre lo que vende en cámara y lo que no.




En esta sátira al periodismo sensacionalista, conoceremos la historia a través del personaje principal, conoceremos su forma de ser y de ver las cosas, aunque no se cuenta mucho más sobre su vida (en realidad a los fines de la historia contada, se asume que no hace falta conocer más sobre su pasado). En realidad, Louis Bloom es la otra cara del sueño americano, un psicópata representante del ser ambicioso que hará lo que sea por lograr su meta. A diario vemos el trabajo de gente así: cada vez que aparece en tapa de un diario la foto de una celebridad en la cama de un hospital en terapia intensiva, o incluso cosas mucho más horrorosas que explotan el más puro sadismo. El film nos muestra ese lado oscuro sin límites de muchas personas, que se desata al encontrar un marco que los estimula y protege. En su primera película como director, Dan Gilroy (que fue guionista de “Gigantes de acero”, “El legado Bourne”) realiza un buen trabajo, ofreciendo incluso escenas muy intensas que atrapan al espectador. Aún así, el resultado final es una película que ofrece su mensaje, y no mucho más.

Opinión: BUENA