viernes, 27 de enero de 2012

PETER CAPUSOTTO Y SUS 3 DIMENSIONES



Ficha:
Dirección: Pedro Saborido / Guión: Pedro Saborido y Diego Capusotto / Fotografía: Gabriel Pomeraniec / Música: Jorge "Tata" Arias / Edición: Maximilian Egdechman y Diego Baum / Dirección de arte: Alfonso Sierra / Elenco: Diego Capusotto, Jacqueline Decibe, Ivana Acosta, Alfonso Sierra y Gustavo Durán / Distribuidora: Buena Vista International / Duración: 93 minutos en salas digitales 3D

Sinopsis:
En épocas donde avanzan las tecnologías y los formatos del espectáculo, donde el entretenimiento es accesible en cualquier momento y lugar; Violencia Rivas, una cantante que en los años 60 anticipó el punk en la Argentina, declara que no solo hay demasiado entretenimiento, sino que es nocivo y forma parte esencial de la decadencia de la humanidad. Es así que Violencia, irá guiando al espectador por una suerte de documental, en dónde a través de historias breves, se irán contando las distintas relaciones que como seres humanos tenemos con el cine, la radio, internet, el video home y otras nuevas costumbres que llegaron con los avances tecnológicos.




Comentario: Es una buena incursión de la obra de Capusotto y Saborido en el lenguaje cinematográfico. Capusotto es uno de los humoristas nacionales más interesantes de los últimos tiempos, y el único de aquel grupo creativo que disfrutábamos en el genial programa Cha Cha Cha, que se mantiene y consolida en el género. A pesar de venderse como una película que está en contra del entretenimiento, entretiene bastante. Los amantes del programa televisivo lo pasarán muy bien viendo a sus personajes en la pantalla grande. Se destacan los dos mejor logrados, el neonazi no declarado Micky Vainilla y Violencia Rivas. Esta última es quien sirve de guía conductora en el film en el que irán apareciendo varios personajes. Algunos, como Bombita Rodriguez, serán inentendibles para jóvenes que no hayan leído un poco sobre historia argentina, y muchos mensajes que Capusotto expresa con humor, tampoco. Se trata de un humor por momentos irónico y sutil, por otros crudo y frontal; y siempre inteligente. Dura demasiado a mi entender un sketch del personaje Jesús de Laferrere, lo que hace decaer un poco el film hacia el final. Pero el último en aparecer, la estrella de rock Pomelo, divierte y salva la obra.



En definitiva, una opción segura para los seguidores y posible para los que no lo sean tanto.
CALIFICACIÓN: BUENA

lunes, 23 de enero de 2012

FILOSOFÍA DE VIDA

ALFREDO ALCON, RODOLFO BEBAN, CLAUDIA LAPACO
MARCO ANTONIO CAPONI, ALEXIA MOYANO

Ficha técnica:
Autor Juan Villoro
Versión y Dirección Javier Daulte
Diseño de Escenografía: Alicia Leloutre
Diseño de Iluminación: Eli Sirlin
Supervisión de Vestuario: Mariana Polski
Supervisión de Sonido: Pablo Abal
Supervisión Técnica: Jorge Pérez H. Mascali
Asistente de Dirección & Stage Manager: Franco Battista
Producción Gráfica: Romina Juejati
Comunicación Visual: Gabriela Kogan
Prensa SMW
Productores Ejecutivos: Damián Zaga & Javier Madou
Director de Producción: Ariel Stolier
Productores Generales: Pablo Kompel & Adrián Suar

Sinopsis:
El Profesor (Alfredo Alcón) y el Pato Bermúdez (Rodolfo Bebán), son dos reconocidos filósofos que fueron amigos en la juventud pero a quienes la vida ha distanciado por un sin número de razones. El Profesor se recluyó del mundo, dedicándose a desarrollar sus ideas y pensamientos sobre la vida; mientras que el Pato ejerció la función pública, obtuvo honores académicos y disfrutó de los placeres de la vida. Pero claro, ahora el Pato decide visitar a su viejo amigo para ofrecerle ser miembro de la Academia de Filosofía y con esto se presenta una oportunidad soñada de revancha para El Profesor.
FILOSOFÍA DE VIDA es una comedia que nos invita reflexionar sobre las cuestiones existenciales como el amor, el sacrificio, la lealtad y la amistad; y sobre cómo se enfrentan estos valores excelsos con el desafío de la vida cotidiana.
Comenta Juan Villoro, autor de la obra: “Siempre me ha intrigado saber cuándo veré por última vez a una persona. Filosofía de Vida parte de esa encrucijada dramática: dos filósofos se encuentran para una confrontación final. Su amistad ha sido una peculiar forma de rivalidad. Profesionales de la razón, procuran mantener las emociones a distancia. Esta cita es diferente: los acompaña una mujer que definió la vida de ambos. ¿Hay límites reconocibles para la inteligencia? ¿En qué momento las ideas se transforman en neurosis? George Steiner dice que un lugar común es una idea cansada. Por contraste, el disparate puede ser visto como una idea anticipada. En esa zona se mueve Filosofía de Vida: el demorado encuentro de dos precipitados.”



Comentario: Desde hacía tiempo quería ir a ver esta obra, interpretada por tres grandes actores. En general me gustó. Es interesante y es un gusto verla.
La trama está descripta en la sinopsis, poco mas se puede agregar. La historia y los personajes no están mal. Sin embargo, y sin por eso desmerecer la puesta, hay algo del argumento que suena a repetido. No puedo explayarme mucho más sin adelantar cosas, solo diré que algo de las resoluciones (de lo que subyacía), suena conocido.
Claudia Lapacó es una actriz maravillosa. E increíblemente sensual. Sus movimientos en escena, sus tonos… es un placer verla. Marco Caponi, en su rol de chofer ignorante (y algo más), acompaña y ocupa correctamente su lugar. Alexia Moyano, hay que decirlo, sobreactúa un poco. Bebán no está mal. Quizás le falte a su personaje, por algunos instantes, algo de naturalidad. Alcón en general interpreta muy bien a este Profesor (no sé como puede memorizar tanta letra), y tiene momentos muy divertidos con Lapacó y Caponi. En general, son más los grandes momentos creados, los diálogos como duelos, los juegos de palabras, las tensiones creadas. Bebán y Alcón tienen la estrella de los grandes. No se trata de una fama dada. Se trata de dos gigantes, ante los que hay que sacarse el sombrero. Existen personas que al aparecer acaparan la atención, llenan la escena y uno no puede dejar de verlos. Como Brando en El Padrino. Como Gable o Bogart.



Otro aspecto muy interesante es la escenografía. La biblioteca del Profesor, impresionante, es a la vez fondo y personaje en movimiento (literalmente). Un muy buen logro.
Y sí, más allá de todo, también vale y está bueno ir solo para ver este trío maravilloso. Es una oportunidad única que hay que aprovechar.
CALIFICACIÓN: BUENA

sábado, 21 de enero de 2012

CASI NORMALES

COMENTARIO DE "CASI NORMALES" POR JUAN MANUEL

Que orgullo que en el país de hagan puestas de comedias musicales como la que vi ayer en el Teatro Liceo, con un despliegue de tanto talento en lo que hace a las interpretaciones, dirección, puesta y técnica en general. "Next to Normal" revolucionó en Brodway la forma de realizar comedias musicales. Es un "musical rock" (sería inapropiado llamarla "comedia musical" teniendo en cuenta el fuerte contenido dramático de la historia) escrito por Brian Yorkey y con música de Tom Kitt. La historia trata sobre una madre con trastorno bipolar y el efecto de su enfermedad en su familia. El musical también toca temas como el suicidio, las drogas, la vida suburbana y la ética en la psiquiatría moderna. Además de ganar un racimo entero de Tonny´s e incontables premios por doquier en sus puestas en Brodway y el llamado "off-Brodway", fue merecedora del premio Pulitzer al drama en 2010 (la única obra que había alcanzado tal mérito antes había sido "Rent" en 1998). Teniendo en cuenta estos antecedentes, era un arma de doble filo traer la producción a los escenarios porteños. Para ello, había que contar con mucho talento. Y es lo que me parece que hicieron los productores que invirtieron en los derechos de la obra cuando convocaron a Laura Conforte ("La novicia rebelde"), Alejandro Paker ("Cabaret"), Florencia Otero ("Rent"), Matías Mayer, entre otros notables talentos, gente especializada en el tan difícil género de la comedia musical. Si bien creo que la música es excelente, y los aspectos técnicos precisos y adecuados a los distintos ambientes que propone la historia, la obra se sostiene en mayor medida en el talento de los intérpretes, que en ese nivel de excelencia de todos se destaca Laura Conforte, llevando adelante un protagónico sin fisuras en las aproximadas dos horas (con un intervalo) que dura la obra, haciendo gala de gran naturalidad en una actuación que no cae en excesos, y de una gran voz que cobra distintos matices como ambientes tiene la obra. Paker, por su parte, lejos del excepcional maestro de ceremonias que compuso en "Cabaret" hace casi un lustro, brinda la sobriedad que exige el papel del abnegado padre de familia que intenta dar un ambiente de "normalidad" a su hogar. Florencia Otero brinda jovialidad y profundidad a su papel de adolescente hiperexigido que se siente invisible dentro del ámbito de su familia "disfuncional".




De los otros personajes no hago mención para no dar datos sobre la trama que podrían arruinar sorpresas al espectador, pero anticipo que también hacen gala de talento y profesionalidad. Si algo podría aportarse para mejorar esta ya muy buena producción es algo relativo a la puesta, esto opinión humilde de lego en la materia. Sucede que el teatro Liceo tiene un tamaño que limita el lucimiento de la puesta escogida por el director, que si bien despojada requiere de un espacio para la comodidad de los actores en sus desplazamientos y para evitar que el ambiente se torne caótico. Hay momentos en que puede verse, si bien prestando mucha atención, a los actores esforzándose para salir y entrar de escena, ya que los andamios y plataformas escogidos para recrear los distintos ambientes están muy pegados a los tabiques de ambos costados del escenario. Esto, sumado a que la banda se encuentra ubicada en la más alta plataforma de la puesta, hacen que la mezcla entre sonido e imagen por algunos momentos se torne confusa. Pero, más allá de ese puntual y pequeñísimo detalle, se ha logrado una producción digna para tan difícil y genial obra. Los aplausos que casi tiraban abajo el teatro lo demostraron, entre ellos los de la pequeña Elena Roger que como espectadora se subió a la butaca gritando "bravos". Ahora el desafío: ojalá se mantenga en cartelera y que, claro, venda más entradas que "Cuatro Colas y un Funeral". Algunas frases de la obra que me parecen destacables:
-Psicofarmacólogo: "Sra. Goodman, cómo se siente con la nueva medicación?" -Diana Goodman: "Bien... pero es raro... como que no siento nada..."
-Psicofarmacólogo: "Diagnóstico: paciente estable"
-Psiquiatra: "Diana, usted se siente feliz?"
-Diana Goodman: "... en realidad creo que la gente que dice que es feliz en realidad es estúpida..."
-Psicofarmacólogo: "...Diagnóstico: paciente con problemas de baja autoestima..."

EN EL CUARTO DE AL LADO

COMENTARIO DE "EN EL CUARTO DE AL LADO" POR JUAN MANUEL

"Durante siglos, las religiones reprimieron el placer. El atractivo de esta obra es como logra revelar los secretos del mundo íntimo de la mujer en tono de comedia", afirma la directora de En el cuarto de al lado, en el programa de esta comedia que se acaba de estrenar en el Teatro Apolo de esta ciudad. Helena Tritek, con estas pocas palabras, logra sintetizar uno de los temas sobre los que gravita esta pieza nominada para el premio Pulitzer en el año 2010.




1880. Época Victoriana.La sociedad se encuentra deslumbrada por el ingreso de la electricidad en sus hogares, y la comunidad cientifica fascinada por todos los avances que el descubrimiento de Edison significa. Esto, en el marco de una sociedad que durante siglos confino la sexualidad a un pecaminoso arcón cerrado bajo siete llaves. Y bajo este amalgama de revolución científica y represión social transcurre esta comedia cuyos protagonistas son el descubridor de un aparatoso artefacto eléctrico que induce a la "liberación" o "paroxismo" (como se llamaba en la época al orgasmo) en mujeres (y hasta en hombres) y su enérgica aunque emocional y sexualmente frustrada esposa. Junto a ellos, condimentan la obra unos pintorescos personajes secundarios, que dan color a esta eficaz y ágil comedia. En tiempos en que las puestas teatrales acuden a muchos efectos tecnológicos, parafernalia y hasta excesos de vanguardismo para atraer la atención del público y captar nuevos espectadores, es refrescante ver una propuesta de teatro puro, una puesta clásica sostenida por buenas interpretaciones, e impecables escenografía, vestuario (ambos cargo de Eugenio Zaneti) e iluminación. La escenografía, bella y elegante, recrea la sala de estar y consultorio del médico inventor del "aparato cura histeria", brindando una adecuada ambientación al estilo de vida de tipo burgués del siglo XIX. Una columna muy bien ubicada y una puerta separan los dos ambientes en los que transcurre toda la obra. Grandes paneles color madera con dibujos ornamentales conforman paredes que dan calidez de hogar, mientras que bellas lámparas y sillones de terciopelo rojizo recrean la acomodada situación socioeconómica de los protagonistas. Al empezar la obra, cuesta adaptarse al trabajo desarrollado con micrófonos. El sonido de las voces puede ser un tanto metalico, pero al rato uno se adapta y se sumerge en la acción. Luciano Cáceres y Gloria Carrá (matrimonio en escena y en la vida real) hacen gala de un oficio que iniciaron a los 8 años, y llevan adelante sus protagónicos sin altibajos, hasta llegar a una audaz escena final en la que prevalece la estética. De hecho, buen gusto sería la frase mas adecuada para describir el modo en que se trata el tema de la obra, que de haber caído en manos inapropiadas podría haber resultado ciertamente chabacano. Pero bajo la dirección de Triek, en cambio, este texto cobra vida como una elegante y divertida comedia de enredos. Si bien el tema no lo es, la puesta es clásica, con personajes que entran y salen de escena, confusiones, historias entrelazadas con principios, nudos y desenlaces cada una, algunos mohines efectistas pero con gracia, y otros elementos que hacen que la obra sea muy disfrutable. Los pintorescos personajes secundarios realzan la escena. La Sabrina que interpreta Victoria Almeida (ganadora del premio ACE el año pasado a la mejor actriz de reparto por "Espejos Circulares") pasa de una angustia casi infantil al más puro éxtasis, en una amplísima gama de matices y, en todos, brilla. De yapa, Almeida interpreta, junto con la siempre sólida Gipsy Bonafina, un clásico de la música francesa de un modo tal que es difícil no emocionarse. También se destaca el artista confundido y graciosamente exagerado que compone Esteban Meloni, un seductor "histérico" y tierno a la vez. En definitiva, muy recomendable para aquellos que busquen ver una fresca y entreteida propuesta en calle Corrientes.
Un abrazo Juanma

VIDAS PRIVADAS

COMENTARIO DE "VIDAS PRIVADAS". POR JUAN MANUEL
Ya desde la génesis misma de la historia del teatro, desde lo que hoy llamamos "carnaval" hasta las más sofisticadas tragedias griegas en las que se utilizaban las tan conocidas máscaras de la alegría o la tristeza, desde el teatro de Epidauros hasta el Metropolitan, desde el Colón al mismo "teatro de barrio" porteño, se respetan ciertas normas que hacen a la esencia misma de esta tan hermosa rama del arte, a saber: -los actores no deben taparse en escena, salvo que el contexto de la escena así lo requiera;-si propongo al auditorio que existe una pared imaginaria que divide los dos ambientes en los cuales transcurre la obra, de ningún modo pueden los personajes verse y hablarse como si la misma de pronto nunca hubiera existido, salvo que el contexto de la escena o la abstracción poética lo permita;-de ningún modo puede dividirse al escenario en dos con un panel de medio metro de vidrio opaco, haciendo que los espectadores que se encuentran ubicados del lado derecho no puedan ver la acción que transcurre en el lado izquierdo del escenario, cuando la platea es de forma semicircular;-si se opta por incluir un desnudo en la obra tratándose de teatro de texto, éste debe tener una mínima justificación y, de optar por ese recurso, todo el auditorio debe poder verlo y no la cuarta parte del mismo por el erróneo lugar donde se lo ubicó; -los actores no deben pisarse la letra unos a otros;-si se cuenta con 7 metros y medio de escenario, no es necesario que los 4 protagonistas de la obra limiten sus desplazamientos en un espacio de 3 metros y medio;Esto, entre mil y una reglas que el director de la obra "Vidas Privadas", José María Muscari, decidió omitir a la hora de montar la puesta en escena de este clásico de Noel Coward (1899-1973). La pieza en cuestión es una comedia que en la década del 30, época en la que se escribió, generó cierto revuelo, en tanto trataba temas como la infidelidad o bien se dejaba vislumbrar un caso de violencia doméstica, pero que hoy día queda desactualizada (tengan en cuenta que Coward hizo debutar a Sir Lawrence Olivier en el teatro comercial, para que se den una idea de la época de la que estamos hablando), por lo que si un productor decide ponerla en escena, necesariamente debe "aggiornarse" mediante una pluma talentosa, cosa que desafortunadamente no se ha dado en la puesta que se comenta. La historia que propone el director comienza en un lujoso hotel de Ibiza. Se intenta recrear dos habitaciones de ese fastuoso lugar mediante dos paneles de vidrio oscuro y un par de mesitas circulares del mismo material que ambientan más a un hotel alojamiento de última categoría que al elegante sitio que propone el texto. Antes que eso, hubiera sido mejor no utilizar escenografía, y confiar únicamente en el talento del elenco elegido para que, mediante histrionismo y emoción, se recree atmósfera propuesta.Lo que más llama la atención es que, reitero, un panel de vidrio oscuro de medio metro de alto divide en dos al escenario durante todo el primer acto, y en muchos momentos los actores están sentados, lo cual hace que si la acción transcurre en el lado derecho, el espectador ubicado en el lado izquierdo pierda toda visión de lo que sucede en la obra. Se preguntarán si esto tenía algún sentido escénico, yo también me lo pregunté, pero me di cuenta que era asignar una intención a algo que sencillamente no la tuvo en ningún momento.


Comenzado el segundo acto, los paneles se levantan para conformar balcones de la lujosa residencia en la que transcurrirá ahora la acción. El problema es que repentinamente comienzan a ingresar al escenario paneles de color naranja y un sillón blanco que logran como mínimo desorientar. A partir de allí, el desplazamiento de los actores se limita mayormente a los 3 metros y medio antes aludidos.Las propuestas teatrales veraniegas suelen sostenerse en la popularidad de sus protagonistas. Por ello, se tiende a realzar su presencia, y si bien uno debe adaptarse a la falaz costumbre de que se aplauda al actor popular antes de que éste haya hecho algo en escena, se espera que esa figura sea cuidada. Lamentablemente en el ensayo general de esta obra no se reparó en la calidad del vestuario. Y desafortunadamente, al ser el teatro Picadilly relativamente pequeño, cualquier espectador pudo notar que el vestido con el que la protagonista entraba a escena se encontraba deshilachado en sus costuras, y que al de la actriz de reparto el cierre sencillamente no cerraba. Debe reconocerse sin embargo que el vestuario de los personajes masculinos era adecuado.Ya en lo que hace a las actuaciones, se sabe que cuando se encara un texto, una cosa es "pasar letra" con énfasis y hasta acudiendo al recurso de la declamación, y otra muy distinta es componer, crear, generar una escena. El primer caso es el que se da los veinte primeros minutos de la obra. Y esto es sencillamente porque, por más talentoso que sea el elenco, si no existe un trabajo de dirección adecuado, los actores acuden desesperadamente a las mejores armas que tienen, y cada uno termina en un campo propio del género en el que es más fuerte (Miguel Angel Rodriguez en el Vaudeville, Georgina Barbarrossa en la comedia Grotesca, y Ma. Fernanda Callejón y Cristian Sancho en la comedia picaresca). O sea, todo deviene en un barco sin capitán en el que la tripulación se desepera por hacer algo para no naufragar.Ante este desamparo actoral, los protagonistas acuden a su oficio de década de trabajo, y los actores de reparto a un compromiso que no puede ponerse en duda. Pero no es suficiente.Un claro ejemplo es que, pasado un momento propio de la comedia de enredos, seguido por otro similar al grotesco, se llega a una inexplicable situación sumamente dramática y violenta totalmente descolgada, que nada aporta a la historia. La única ocasión en que la obra logra crear un clímax se da en unos pasajes en los que Callejón y Sancho pronuncian sus textos sentados en el proscenio del escenario, lamentándose sobre los amores que no fueron, y lo que esperaban de ellos, mientras Rodriguez y Barbarrossa bailan un vals bajo unas ténues luces.El resto, una multitud de obviedades, gags y mohines efectistas que no hacen más que llenar el vacío dejado por la falta de dirección.Termina la obra repentinamente y uno se queda con la sensación de que no sabe qué fue a ver. Si reirse o incurrir en ira por la estafa sufrida. El problema no es que este tipo de obras se encuentre en calle Corrientes (tiene que haber un espacio para todo, se suele decir), el problema es que se venda como teatro profesional algo que no pasa de "teatro de barrio" (sin desmerecer a este último, claro está).